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Cada 48 horas es agredido personal médico en los hospitales porteños

Martes 29 Enero, 2013 en  Actualidad y Salud Pública

Robos y amenazas se volvieron un peligro constante para los trabajadores de los centros de salud de la ciudad; la asociación que los agrupa hizo un "manual de supervivencia".

(La Nación) La inseguridad y la violencia no cesa en los centros de salud porteños. Cada 48 horas un médico, técnico o auxiliar sufre una agresión física o verbal o un robo en los hospitales de la ciudad de Buenos Aires.

Este alarmante dato surge de la recopilación de información y testimonios realizada por la Asociación de Médicos Municipales (AMM) y personal no médico consultado por LA NACION. Según estas cifras, ocho de cada diez profesionales fueron víctimas de actos de violencia. De esas ocho personas sólo dos, en promedio, hacen la correspondiente denuncia policial o judicial.

“La violencia ya se convirtió en algo característico de nuestra sociedad, que altera la relación paciente-doctor. En un hospital conviven muchos servicios y todo tipo de agresión perjudica el trabajo del profesional, que es salvar vidas” afirmó el presidente de la AMM, el doctor Jorge Gilardi.

Sin ir más lejos, en lo que va del año decenas de médicos sufrieron robos al entrar o salir del servicio.

Según las fuentes consultadas, el aumento de la violencia en los hospitales en los últimos tiempos fue una consecuencia directa del retiro de la Policía Federal, en 2011. “Nilda Garré se equivocó y tardó en darse cuenta”, dijo un profesional del hospital Penna, situado en Parque de los Patricios, uno de los centros de atención médica más afectados por la inseguridad.

El hospital Santojanni, el Piñero y los ocho Centros de Salud de la Ciudad (Cesac) de la zona sur son los lugares con el mayor registro de casos de agresiones, tanto dentro como fuera de los nosocomios.

En el Santojanni, situado en Mataderos, todavía siguen esperando mayores respuestas de los gobiernos porteño y nacional, luego de los dos casos que ocurrieron en 2012. Uno de ellos fue el episodio con la barra de Nueva Chicago, en enero, cuando facciones enemigas se enfrentaron dentro del hospital. El restante ocurrió en agosto, con los familiares de Jenifer Farías, cuando más de 60 personas provocaron destrozos en el hospital por una supuesta mala praxis.

“De lo que prometieron en agosto pasado cumplieron con algunas cosas”, dijo el presidente de la filial de la AMM de ese hospital, Marcelo Struminger. Por ese motivo enviaron una carta para intimar al gobierno porteño a cumplir con lo prometido oportunamente.

“Lo más urgente es el cambio de puertas de ingreso. Necesitamos que en vez de vidrio sean de algún tipo de aleación metálica, y que pueda cerrarse en caso de un posible intento de agresión. No queremos un tercer caso”, agregó Struminger.

En cuanto al hospital Piñero, en el barrio de Flores, su sino es que está situado junto a la villa 1-11-14 .

En lo que va del año, en los Cesac 24 y 31, que dependen de ese centro asistencial, cinco médicos ya fueron asaltados al salir de sus trabajos. El jefe del área Programática de ese hospital, Edgardo Nopof, aclara que “desde el ingreso de la Gendarmería en las villas de la zona sur la situación mejoró, pero debe ser aún mayor su presencia”.

En los Cesac de la zona sur, dependientes del hospital Penna, el panorama no es diferente. Por motivos de inseguridad se acortó el horario de atención. En vez de cerrar las puertas a las 20 ahora el personal médico se retira dos horas antes; además, se los recoge de su hogar y se los lleva de regreso en un minibús contratado por la AMM como consecuencia de la violencia a la que están expuestos. “Los médicos en esos centros somos como Rambo en la jungla”, explicó uno de los profesionales que atienden en la guardia.

Varios son los Cesac que adoptaron esta misma medida.

Aunque todas las fuentes consultadas por LA NACION concuerdan en que la situación mejoró en comparación con años anteriores -en buena parte por las medidas que implementó el Ministerio de Seguridad de la Ciudad-, advierten que todavía necesitan más protección.

Tampoco tuvieron reparos en criticar la labor de la cartera de Salud porteña, a la cual acusaron de “tardar en ejecutar las obras solicitadas”. LA NACION intentó tener una respuesta del ministerio al respecto, pero no hubo contestación.

A raíz del pico de violencia, la AMM confeccionó un manual de prevención con consejos para actuar ante eventuales problemas, así como también con procedimientos a seguir.

Se creó una línea 0800 para que las víctimas puedan delegar el proceso de denuncia. “Cuando un médico afiliado se contacta con nosotros, le iniciamos una carpeta médica y se le saca una foto”, explicó Vadim Mischanchuk, abogado encargado de esta línea, que desde septiembre del año pasado está vinculada directamente al Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad.

“El objetivo es, primero, facilitarles las herramientas para radicar de forma cómoda y rápida la denuncia. Pero también, como el procedimiento se hace en nombre de la asociación, se resguarda la identidad del denunciante por razones de seguridad”, añadió Mischanchuk.

El problema no es exclusivo de la ciudad. La Asociación Argentina de Pediatría, junto con Unicef, reveló el año pasado que el 47% de los pediatras del país se siente inseguro en su lugar de trabajo.

Intramed, una red social para médicos, publicó en los últimos días una encuesta en la que participaron 4000 integrantes de ese sitio. El motivo era la sensación de inseguridad en al ámbito laboral. Más de la mitad de los encuestados no se consideraron seguros.


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