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Música para anestesiar

Martes 14 Junio, 2016 en  Actualidad

Los oídos perciben la música, pero son el cerebro y el sistema nervioso los que se impregnan de ella, tanto que incluso podría inducir un efecto casi anestesiante. Así lo aseguran en el Congreso Euroanaesthesia 2016.

CONCIERTO DE MUSICA CLASICA, VIOLINISTA. TALLER DE LA ESCEULA DE SOTO MESA, HORIZONTAL

(Elmundo.es) Los oídos perciben la música, pero son el cerebro y el sistema nervioso los que se impregnan de ella, tanto que incluso podría inducir un efecto casi anestesiante. Así lo apunta un trabajo que se acaba de presentar estos días en el Congreso Euroanaesthesia 2016 celebrado en Londres. El estudio demuestra que la relajación que produce la música no sólo reduce la ansiedad de los pacientes antes de entrar a quirófano, sino que supone niveles menores de sedación.

Este es uno de los contados experimentos que se han realizado en este sentido hasta la fecha. Como señala David Pestaña Lagunas, jefe del servicio de anestesia y reanimación del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, es verdad que “se trabaja con músicoterapia en un sinfín de unidades, como en Neurología y Psiquiatría, con pacientes con Parkinson, Alzheimer o Autismo, también en algunas UCI, como la del Hospital 12 de Octubre de Madrid y la nuestra”. Sin embargo, apenas se ha evaluado su papel previo a una intervención quirúrgica.

Casualmente, entre los escasos trabajos existentes al respecto, se alza uno que se está desarrollando en el Hospital de Móstoles de Madrid. Hace apenas un año que dos enfermeras lo pusieron en marcha con la intención de confirmar su hipótesis: que una intervención musical preoperatoria disminuye el nivel de ansiedad.

Sube la frecuencia cardiaca y el temor

“La ansiedad preoperatoria es una de las experiencias más desagradables asociadas a la cirugía. Incluye tensión y aprensión y activa el sistema nervioso autónomo, que provocará una sensación de disconfort físico y mental, pues puede inducir sentimientos de temor, presión e incertidumbre que pueden acarrear repercusiones fisiológicas objetivables, como cambios en los parámetros hemodinámicos y en las constantes vitales (tensión arterial, frecuencia cardiaca y respiratoria) y cognitivas”, argumenta Raquel de Antonio Pastor, una de las artífices del estudio. Además, “la activación del sistema nervioso autónomo puede promover la activación de la vía catecolaminas, lo que se traduce en un retraso de la capacidad sanadora del organismo y un aumento del dolor postoperatorio percibido”. Todo esto puede aumentar el riesgo de complicaciones y el incremento de la estancia hospitalaria.

Contra esta ‘revolución’ física y mental, a menudo los médicos prescriben ansiolíticos y relajantes, pero “muchos pacientes aún siguen sintiéndose ansiosos”, atestigua de Antonio. De ahí la propuesta de medidas no farmacológicas como yoga, taichi… “La música es la que ha arrojado mayor consistencia y significación estadística“.

En agosto de 2015, la prestigiosa revista ‘The Lancet’ se hizo eco de una revisión sistemática centrada en 72 estudios (que sumaban casi 7.000 participantes) que analizaba el impacto de la música antes, durante y después de la cirugía. Dicho meta-análisis sugería que “la música antes del quirófano podía reducir el dolor postoperatorio, la ansiedad y las necesidades de analgesia”, expone Carlos González Perrino, anestesiólogo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. No obstante, no se identificaron diferencias en la duración del ingreso ni se analizaron los efectos sobre las infecciones o el tiempo de cicatrización.

Parte de la anestesia en cirugía de ojos

En la misma línea, el estudio presentado en Euroanaesthesia, y realizado por investigadores del Hospital Universitario Cochin (París, Francia) comprueba el papel de la música en 62 pacientes antes de entrar a quirófano para una intervención de cataratas. “La cirugía del ojo es particularmente estresante”, apunta el principal autor del trabajo, Gilles Guerrier.

Para comprobar las ventajas de sumar música a la anestesis tópica (local), los participantes escuchaban algunas piezas con auriculares durante 15 minutos antes de la operación. “Seleccionamos canciones instrumentales con un ritmo decreciente y una disminución progresiva del número de instrumentos participantes (diseñadas por una empresa parisina -Care Music- expresamente para la prevención y el tratamiento del dolor, la ansiedad y la depresión)”, relatan los autores. Por su parte, los pacientes podrían elegir entre 16 estilos de música: jazz, flamenco, clásico...

En vista de las respuestas de los cuestionarios, la relajación inducida por la música duraba alrededor de 60 minutos después de la experiencia. Comparando con el grupo que no escuchó música, el nivel de ansiedad era de 23 sobre 100, no de 65 sobre 100. Es decir, se reducía más de la mitad. Además, recibieron menos sedantes durante la cirugía (16% vs 32%) y la satisfacción postoperatoria mostrada era de 71 sobre 100 frente a 55 (para el grupo no musical). “Se trata de un método no invasivo, no farmacológico y de bajo coste que podría ayudar en cirugías de este tipo“, apunta Giller, quien adelanta que pondrá en marcha experimentos de este tipo para otras cirugías.

La experiencia española

La peculiaridad del trabajo español, señala una de la autoras del mismo, es que antes de probar con los pacientes, “realizamos un análisis sobre elementos musicales que intervienen en la modulación de los parámetros fisiológicos del individuo, es decir, el tempo o la velocidad, la tonalidad, la escala, la intensidad y el timbre”. Por ejemplo, un tempo adecuado oscila entre 53 y 105 pulsos por minuto, “ya que es la velocidad fisiológica a la que late el corazón”. También es más recomendable “la escala mayor, por ser más alegre y estar relacionada con sentimientos de felicidad, alegría y optimismo. Conviene que haya pocas alteraciones en la escala, que el timbre sea el piano (capaz de hacer dos voces sin la distracción de varios instrumentos) y que los decibelios sean los equivalentes a una conversación, en torno a 50-80”. El motivo de una intensidad no muy alta es que el paciente no deje de escuchar ni se aisle del contexto real en el que se encuentra en la sala de preanestesia. De ahí que en este trabajo se descarten los auriculares. “Inhibir de estímulos externos al paciente puede generar ansiedad y sesgar resultados, mejor música ambiente“.

Por esta razón, en la sala de preanestesia en la que se está desarrollando este experimento hay altavoces conectados a un ordenador. Desde las 08.00 de la mañana hasta las 14.30 se escuchan piezas musicales seleccionadas con los criterios previamente definidos. “Todas son canciones a piano. De las 38 pistas musicales que hemos seleccionados, muchas son versiones de bandas sonoras como El Rey León, la Bella y la Bestia y El Señor de los Anillos”.

La música calma

Los pacientes van entrando y pasando a la sala de operaciones, el tiempo de estancia es variable, pero las enfermeras tienen estipulado tomar mediciones al inicio y a los 20 minutos. “Tomamos nota de la tensión, la frecuencia cardiaca, la respiratoria y la saturación del oxígeno en sangre”. También se valoran las respuestas a unos cuestionarios de ansiedad, dolor, estado de ánimo y satisfacción. Hasta la fecha, han participado en el estudio 70 personas, de las 360 que tienen como objetivo (entre 18 y 75 años, sobre todo sometidos a operaciones de traumatología, digestivo y urología -se descartaban pacientes psiquiátricos, de urgencias, de otorrino y con trastornos de dolor crónico-).

Aunque aún no se pueden extraer conclusiones, parece que entre los pacientes que escuchan música y los que no lo hacen hay una diferencia de unos 12 mm de mercurio en la presión sistólica, también tienen menor número de respiraciones. En cuanto a los cuestionarios, “parece que los primeros puntúan más bajo en ansiedad y se encuentran más relajados“. Lo ideal, agrega la enfermera, “sería ir más allá, valorar el efecto de esta calma en el uso de sedantes y analizar el efecto de la música a nivel intraoperatorio”.

La música, expone de Antonio, “tiene un efecto psicológico y es capaz de distraer de una situación emocional interna puntual, también ayuda a reducir la agitación sensorial y al generar más endorfinas, produce menor sensación de dolor”. Al final, se trata de evadirse de toda percepción negativa relacionada con la intervención.


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