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Según un estudio, se duplicó el riesgo de contraer enfermedades

Lunes 15 Julio, 2013 en  Actualidad

El dato se desprende del Barómetro de la Deuda Social de la UCA. La posibilidad de padecer un mal crónico es del 56% cuando en 2011 era del 29%.

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(La Nación) Desde 2011, el riesgo de enfermar casi se duplicó en el país. Según el Barómetro de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), que se presentará la próxima semana, un argentino de más de 18 años que vive en alguna zona urbana tiene hoy un 56% de probabilidades de padecer una enfermedad grave o crónica, cuando en 2011 esa chance era del 29%.

La diferencia se explica, según los autores del estudio, en una creciente brecha en el acceso a la atención, el cuidado y la percepción de la salud física y psicológica.
“Hay un leve incremento de la percepción de tener problemas graves o crónicos de salud en los adultos urbanos, si bien los síntomas depresivos y ansiosos no tuvieron una gran variación”, afirmó la licenciada Solange Rodríguez Espínola, coordinadora del capítulo “Estado y atención de la salud, recursos psicológicos y capacidades sociales” de esta nueva edición de la encuesta que realiza el Observatorio de la Deuda Social.
La especialista destacó que si bien los adultos asisten cada vez con mayor frecuencia a una consulta médica “todavía hay un déficit en la salud preventiva (no fumar, hacer ejercicio y dormir bien). Las oscilaciones sociales y las marginalidades persisten como una deuda en el desarrollo humano, en especial en los grupos de menos recursos sociales, educativos y económicos”.

Los investigadores entrevistaron en casi nueve ciudades a 5712 mayores de 18 años, que habitan en villas o asentamientos precarios, barrios de clase media y barrios residenciales, y con distintos niveles educativos, para obtener una muestra representativa de la población urbana del país. Con los resultados para los años 2010, 2011 y 2012, el equipo utilizó modelos matemáticos con alta capacidad de predicción para obtener información objetiva. Esto permitió identificar el año 2011 como “un factor que condicionaría” la percepción de la propia salud en la población, como lo definió Rodríguez Espínola, ya que en 2012 casi se duplicó la probabilidad de enfermar.

“Hay variables multicausales que podrían estar incidiendo y determinando aspectos de la salud de los individuos, como las características habitacionales y residenciales, la alimentación, las condiciones del trabajo y las percepciones de seguridad, que también están asociadas con la salud emocional -señaló la investigadora-. Se debería trabajar en las decisiones de planificación sanitaria, los programas de salud y el gerenciamiento de servicios sanitarios. Además, [implementar] políticas públicas que promuevan la prevención, en especial en los sectores en los que se observan mayores déficits, promover la salud desde realidades distintas por género y edad e integrar aspectos psicológicos y/o emocionales en las intervenciones en salud.”

La encuesta reveló que casi el 40% (39,5%) dice tener un problema de salud grave o una enfermedad crónica, como diabetes, cáncer o cardiopatías, mientras que en el bienio 2010-2011 se obtuvo la misma respuesta del 35% de los participantes. La diferencia entre esos dos períodos evaluados fue mayor en las mujeres que en los hombres, mientras que, como es lógico, con la edad creció la sensación de tener cada vez peor estado de salud. Así ocurrió en 2 de cada 10 entre los 18 y 34 años; en 4 de cada 10 adultos de entre 35 y 59, y en 7 de cada 10 mayores de 65. En los más pobres, esa percepción negativa es el doble que entre los de ingresos medios altos.
“Las mujeres, los adultos mayores, los que no tienen un secundario completo y los que pertenecen a un estrato muy bajo fueron quienes más evidenciaron problemas de salud graves o crónicos”, puntualizó Rodríguez Espínola.

Sólo ser mujer, por ejemplo, aumenta 75,8% el riesgo de enfermar, y ser pobre duplica esa posibilidad, mientras que quien solamente tiene estudios primarios tiene 25,7% más chance de tener una enfermedad que alguien que finalizó el secundario.

Nerviosismo y ansiedad

Los investigadores se ocuparon también de las condiciones emocionales y cognitivas con la que los argentinos enfrentan las tareas cotidianas y las relaciones sociales. Observaron que el llamado malestar psicológico se mantiene casi estable en la población desde 2010.

Con una escala estandarizada para evaluar la salud mental (KPDS-10), detectaron que en estos tres años dos de cada 10 adultos sienten un nivel riesgoso de ansiedad y depresión. Este malestar, que no determina si existe o no un trastorno psicológico, es tres veces más alto en los residentes de una villa o un barrio de bajos ingresos que en la población de ingresos medios altos, donde 1 de cada 10 adultos dice sentir síntomas como inquietud, desesperanza, tristeza, cansancio o nerviosismo. Vivir en el conurbano bonaerense y las ciudades del interior aumenta un 40% esos síntomas.

Y mientras que se redujo del 42,4 al 33,9% la cantidad de adultos que no hacían una consulta médica anual por prevención, control o tratamiento, creció la cantidad de mujeres y mayores de 65 años que fuman y la cantidad de adultos sedentarios (7 de cada 10 dicen que no hacen ejercicio semanalmente). La evaluación de la calidad del sueño demuestra que el 22% de los mayores de 18 siente somnolencia diurna, mientras que el 14,2% dice que no duerme bien y el 14,8% duerme menos de seis horas. “Son cifras de las que hay que ocuparse. Marcan un problema que, dadas las consecuencias de la mala calidad del sueño, por su relación con los accidentes de tránsito y la aparición de enfermedades como el deterioro cognitivo, la diabetes o la obesidad, merece atención”, señaló el doctor Daniel Vigo, investigador del Conicet y docente de la UCA, que participó del relevamiento junto con el becario Guido Simonelli y los doctores Daniel Cardinali y Daniel Pérez Chada.


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